27 de mayo de 2026

El futuro de los apoyos a personas en situación de dependencia: El modelo organizativo

El futuro de los apoyos a personas en situación de dependencia: El modelo organizativo

Tiempo de lectura: 9 minutos

Carlos Mirete
Director Instituto ConnectACP

Continuando con nuestra serie de artículos donde queremos arrojar algo de opinión sobre otro elemento de importancia a la hora de considerar los desafíos que enfrenta nuestro sistema de cuidados. Hoy queremos aportar sobre algunas cuestiones que atañen a la esfera organizativa de los centros asistenciales, que viene a completar especialmente las propuestas de nuestro artículo anterior al respecto del tipo de profesionales que mejor conviene al futuro del sector y de las capacidades que deben atesorar y plasmar en la práctica. 

La cuestión organizacional resulta crítica para atender con éxito los desafíos que nuestro sistema de apoyos enfrenta. Si bien hablar de financiación, de escasez de personal o de la dotación de más y mejor tecnología resulta esencial, no lo es menos aludir al hecho de que una significativa parte de los agentes de nuestro sistema asistencial siguen funcionando bajo arquitecturas pensadas para una realidad que se está diluyendo de forma acelerada. Estas formas organizativas se ajustan a realidades que son consideradas “estables” (reconociendo poca variabilidad en las personas a las que se apoya) y ostentan poca flexibilidad, resultando modelos fragmentados, jerárquicos y muy orientados a la tarea. 

Recordemos, el sector debe responder de manera creciente a personas con mayor fragilidad, más multimorbilidad, y que, asimismo, presentan trayectorias generacionales y vitales más diversas y expectativas más claras de autonomía, continuidad y trato individualizado. En ese contexto, este modelo será cada vez menos capaz de dar respuestas eficaces a estas nuevas exigencias y, claro, de garantizar al mismo tiempo la calidad y sostenibilidad del mismo. 

El enfoque que pierde vigencia 

En síntesis, el modelo organizativo todavía dominante en una parte importante del sector sociosanitario español presenta los siguientes rasgos distintivos: 

  • división rígida de roles profesionales por categorías
  • escasa autonomía de los profesionales de atención directa  
  • elevada supervisión de tareas  
  • escasa supervisión de la práctica y de la calidad relacional  
  • abundancia de procesos muy burocratizados  
  • baja interoperabilidad entre información social y sanitaria  
  • débil conexión e interacción con servicios o agentes comunitarios  

Si bien este enfoque organizativo tiene una clara ventaja operativa por su capacidad de mantener un cierto orden en contextos de presión, tiene también costes estructurales:

  • Dificulta la personalización real de los apoyos porque la organización trabaja para estabilizar procesos internos, no para modular apoyos según trayectorias, casuísticas o contingencias individuales. 
  • Penaliza la coordinación interdisciplinar e interdepartamental porque estimula que cada perfil proteja su parcela competencial. 
  • No capitaliza las capacidades potenciales y el talento de sus profesionales: el personal de atención directa está obligado a ejecutar más y decidir menos; los perfiles técnicos dedican mayor tiempo a valorar e intervenir desde su disciplina que a influir en la cotidianidad de la persona, etc. 

La propia OMS, junto a otros estamentos, lleva años defendiendo sistemas de provisión de apoyos integrales, integrados y centrados en las personas, basados en el establecimiento y conformación de relaciones de calidad estables, en la información compartida, en la toma de decisiones coordinadas y en servicios y apoyos con capacidad de ser prestados en el lugar y momento adecuados y con un claro sesgo comunitario. 

Este marco que propone la OMS desborda esta lógica organizacional clásica y nos obliga a revisar una cuestión que necesita de profunda reflexión: cómo despriorizar la administración de recursos escasos y rutinas internas, para incorporar gradualmente la capacidad de articular apoyos dirigidos a la consecución de los proyectos vitales de las personas dentro de una dinámica de calidad, eficacia y eficiencia organizacional creciente.

Propuestas para reflexionar sobre el enfoque organizativo

Aun validando la necesidad de personal cuyo alcance se recoge en “Estimación de necesidades de trabajadoras de cuidados de larga duración a 2030”, que hizo público el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 hace algunos meses, asumimos que meramente incorporar más personal a una estructura no resuelve por sí mismo los problemas que nos arroja un determinado diseño organizativo. 

Así, la incorporación de trabajadores al sistema de apoyos debe hacerse, consideramos, bajo el tránsito hacia un enfoque organizativo caracterizado por una mayor flexibilidad profesional, un favorecimiento de la autonomía profesional responsable, una supervisión centrada en la calidad, una simplificación burocrática, una integración de la información y una fuerte coordinación comunitaria. En definitiva, configurando estructuras más coherentes con la atención de calidad capaz de adecuarse gradualmente a las respuestas que exigen los desafíos que el sector de cuidados viene y continuará arrojando. 

Muchas de las cuestiones relativas a los sesgos organizacionales que las entidades deben adoptar hacia el futuro son bien conocidos. Dede ConnectACP Care queremos poner luz y reflexión sobre otros enfoques que, en la forma de principios, consideramos importantes para implementar estos elementos que acabamos de notar y esenciales para reenfocar las nuevas formas organizativas de las que estamos hablando.

El primero es, recogiendo el enfoque de la ACP, que la organización debe completar el proceso de definirse organizativamente en torno a la persona y su trayectoria, no en torno a la unidad o al recurso. 

Necesariamente, esta visión exige organizaciones menos compartimentadas y con mayor capacidad de dar respuestas flexibles ante la infinidad de realidades y contingencias que arroja la atención centrada en la persona.  

De este modo, la valoración, el plan de apoyos, la revisión de objetivos y la respuesta a cambios deben formar un continuo y ese continuo debe ser entendido como valioso por el cuerpo de profesionales, tanto si la persona vive en residencia como si recibe apoyos domiciliarios o comunitarios.  

El principio de continuidad, si bien ha existido siempre en el enfoque de Atención Centrada en la Persona, debe destacarse por su rol crítico para poder guiar a una organización -y medir- a posibilitar la optimización de la prestación en tiempos, formas e intensidades de los adecuados apoyos a la salud, a la esfera funcional, a la prevención, a la rehabilitación y cuidados cotidianos dirigidos al logro y la satisfacción del proyecto vital de cada persona, al pleno ejercicio de derechos y bajo el enfoque de bienestar y dignidad decidido por ella misma. 

El segundo principio combina una interdisciplinariedad operativa real en la organización que contemple la descentralización inteligente de la toma de decisiones. 

No resulta operativamente suficiente contar con varios distintos perfiles en plantilla. Hace falta que entre ellos y conjuntamente compartan información útil, que revisen situaciones complejas y articulen una cadena flexible de transmisión de decisiones y ejecuciones que se traduzcan en cambios valiosos —y mesurables— en la vida cotidiana de la persona. 

La misma OCDE nos alerta en informes publicados durante la última década de que la integración de cuidados no se logra simplemente reuniendo profesionales, sino mediante evaluación compartida, planificación conjunta, intercambio de información y alineación de responsabilidades entre los distintos actores del sistema. 

Un sistema orientado a apoyos personalizados no puede depender de que toda decisión necesite recorrer la jerarquía y sistema de mando para poder ser ejecutada. La información y el criterio deben estar más cerca de donde suceden las cosas: en la unidad, en el domicilio… en la interacción cotidiana con la persona. Esto obliga a revisar el papel de cada rango profesional para atender una toma de decisiones adecuada y realmente eficaz. 

Debemos destacar que descentralizar de forma inteligente significa trasladar la capacidad de decisión allí donde existe comprensión de la situación concreta, pero manteniendo la coherencia con un enfoque adecuado sobre el alcance de las competencias y responsabilidades profesionales, entendiendo la responsabilidad como capacidad de responder ineludiblemente con criterio ante situaciones cambiantes, justificar las decisiones tomadas y asumir sus consecuencias dentro de un marco compartido. 

Este enfoque obliga, por tanto, también a redefinir los sistemas que apoyan las decisiones con información fiable, formación suficiente y, bajo ese mismo marco organizativo, articulen confianza y coordinación sopesada con supervisión y rendición de cuentas.

Un tercer principiodigitalización con sentido organizativo.  

Para maximizar el valor de la información y su aprovechar su potencial de apoyo a los profesionales ésta debe ser accesible, trazable, compartida, comprensible y comprendida; debe servir para coordinar, anticipar y revisar, no solo para registrar y cumplir criterios burocráticos o de calidad. 

Un sistema de información útil permite que los distintos profesionales trabajen sobre una misma realidad, evitando duplicidades, interpretaciones parciales o decisiones basadas en datos incompletos. Facilita que la valoración, la planificación y la intervención estén dentro de un continuo coherente, y que los cambios en la situación de la persona puedan ser detectados y abordados con rapidez. En este sentido, la cuestión organizativa nos determina a definir qué información es relevante, quién la registra, quién la utiliza y cómo se convierte en decisiones concretas. 

Aún más allá, la digitalización con sentido organizativo también implica que los sistemas deben estar al servicio del trabajo y sus fines. Registrar debe ser sencillo, consultar debe ser rápido y comprender debe ser accesible. La tecnología puede y debe liberar tiempo para el cuidado y ayudar a los profesionales a pensar y a actuar mejor. 

En este contexto, avanzar hacia modelos organizativos más flexibles, coordinados y centrados en la persona depende también de contar con herramientas y acompañamiento adecuados. Desde ConnectACP Care somos especialistas en abordar ese punto de intersección entre modelo, organización y práctica real, ayudando a las entidades a rediseñar sus procesos, formar a sus profesionales e implantar sistemas de información que permitan que la Atención Centrada en la Persona, la coordinación interdisciplinar y la digitalización con sentido organizativo se traduzcan en resultados concretos. Si su entidad se encuentra en este proceso de transformación, le invitamos a conocernos y a explorar cómo podemos acompañarle para que los cambios necesarios sean posibles, sostenibles y medibles en la práctica cotidiana. 

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